Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas: una mirada hacia América Latina y el Caribe
bienestar rural

Bienestar rural

  • hogar rural
    11
    Puntos porcentajes. Caída en el número de hogares regionales dedicados a la agricultura (2002-2014)
  • desigualdad ingreso
    20%
    Disminución en la desigualdad regional del ingreso entre 2002 y 2014
  • mujer rural
    75%
    de los hogares encabezados por mujeres son inactivos o dedicados a actividades agr. de subsistencia
  • La transición desde las actividades agrícolas a las no agrícolas se estancó durante la crisis financiera mundial. Antes y después de la crisis se redujo el porcentaje de hogares agrícolas (asalariados y autónomos) y se incrementaros los hogares asalariados no agrícolas e inactivos.

  • Aunque los sectores con un gran desajuste de competencias enfrentan tasas de pobreza más altas, todos los sectores de empleo experimentaron disminuciones en la brecha de pobreza y desigualdad, debido a una mayor red de seguridad social.

  • En la región como un todo, las brechas de vivienda y educación se han reducido ligeramente; pero grandes variaciones entre los países y los sectores subyacen a estas tendencias.

Resumen de: Bienestar rural

En este capítulo se presenta un análisis de las tendencias y los cambios en el bienestar rural regional entre 2002 y 2014 (antes y después de la crisis financiera mundial), el cual se centra en la pobreza, las mujeres, la desigualdad de ingresos, las medidas no monetarias del bienestar y los ODS.

El análisis se basa en los datos de encuestas de hogares rurales de doce países de ALC, clasificados en cinco tipos mutuamente excluyentes según la ocupación primaria de los jefes de familia: 1) asalariado agrícola, 2) asalariado no agrícola, 3) autónomo agrícola, 4) autónomo no agrícola y 5) inactivo.

Los datos muestran una transición estable desde la agricultura hacia sectores no agrícolas. Entre 2002 y 2014, en las regiones rurales de ALC los hogares agrícolas (asalariados y autónomos) se redujeron en más de una quinta parte, mientras que los hogares asalariados no agrícolas aumentaron 50 por ciento. Si bien esta transición se detuvo durante el pico de la crisis financiera mundial (2007-2010), la región logró superar la recesión con los programas sociales existentes. Sin embargo, la expansión del sector inactivo evidencia que existe un desajuste significativo de calificaciones entre los hogares que abandonan la agricultura para ingresar en el sector no agrícola. En particular, los empleos calificados en el sector no agrícola permanecen vacantes tres veces más tiempo que los trabajos no calificados: la región debe proporcionar oportunidades de capacitación para asegurar que las empresas del sector no agrícola cuenten con mano de obra calificada.

Otras tendencias importantes que se han dado en el bienestar rural son las siguientes: a) una reducción significativa de la pobreza, la brecha de pobreza y la desigualdad de ingresos, probablemente impulsada por las políticas sociales recientes; b) un aumento de la proporción de mujeres jefas de hogares rurales; y c) la persistencia de desigualdades en las medidas no monetarias de bienestar, como la calidad de la vivienda y el nivel educativo. Lo último indica que, aunque la pobreza y la desigualdad de ingresos han disminuido, los hogares rurales pobres siguen enfrentando privaciones por necesidades básicas.

Los resultados respaldan la necesidad de un enfoque integral de políticas que asegure el desarrollo económico continuo, la reducción de la desigualdad y la paridad de género en el corto y largo plazos. Ese enfoque debe contemplar, en primer lugar, programas de capacitación impartidos mediante asociaciones público-privadas y dirigidos a reducir el desajuste de habilidades observado. El diseño de estos programas con el sector privado asegura que los trabajadores tendrán las habilidades que las empresas exigen. Además, reducirá los costos gubernamentales si las empresas proporcionan la capacitación. En segundo lugar, el enfoque debe considerar políticas de apoyo a las mujeres y las niñas que garanticen la igualdad de calificaciones, salarios y acceso a la información, las cuales pueden frenar el ciclo de la desigualdad de género, pues las mujeres dirigen más recursos hacia la educación de las niñas. Finalmente, se sugiere que el enfoque contemple políticas de inversión en vivienda pública a través de programas de obras públicas. Esto resolvería las deficiencias en el acceso a la vivienda, al mismo tiempo que proporcionaría trabajo a los hogares vulnerables y brindaría oportunidades de re-entrenamiento que facilitarían la transición de la agricultura a la no agricultura.