Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas: una mirada hacia América Latina y el Caribe
pescador

Pesca y acuicultura

  • acuicultura
    26%
    Crecimiento anual de la acuicultura en ALC (volumen)
  • pescador
    #1
    Chile es el principal productor acuícola en ALC
  • consumo pescado
    9,5
    Kg/cápita/año consumo promedio de pescado en ALC (lo recomendado es 12 Kg/cápita/año)
  • La producción pesquero-acuícola de América Latina mantiene un ritmo de crecimiento por encima de las tasas promedio de otras regiones del mundo, impulsada fundamentalmente por la acuicultura, aprovechando que la región posee la mayor superficie con potencial de expansión a escala global.

  • Un incremento sostenido de la demanda global de productos pesquero-acuícolas continuará impulsando la expansión acuícola en la región, por lo que es importante promover políticas de fomento, particularmente de pequeños productores, para maximizar los beneficios sociales de la economía basada en las aguas nacionales; es decir, la economía azul.

  • Si bien la pesca y la acuicultura gradualmente se reconocen como importantes pilares de la seguridad alimentaria y nutricional de miles de comunidades a lo largo de las costas y de las vastas cuencas hidrográficas de centro y Sudamérica, el desarrollo pleno de su potencial no es aún priorizado en las agendas nacionales de desarrollo a la par de otros sectores primarios.

  • Es necesario analizar los mejores mecanismos institucionales en cada país que conduzcan al desarrollo de la pesca y la acuicultura, fortaleciendo o elevando la posición política de estos sectores y su priorización en la agenda nacional de desarrollo. Si se mantiene la baja posición en la orgánica institucional de la pesca y la acuicultura, se seguirán perdiendo las oportunidades que daría su expansión y desarrollo.

Resumen de: Pesca y acuicultura

La producción pesquero-acuícola de América Latina mantiene un ritmo de crecimiento superior a las tasas promedio de otras regiones del mundo, impulsada fundamentalmente por la acuicultura, aprovechando que la región posee la mayor superficie con potencial de expansión a escala global.

La acuicultura regional mantiene en forma sostenida un ritmo de expansión que supera el 6 % anual en términos de volumen, impulsado por el incremento en la producción de las especies tradicionales de la acuicultura industrial (salmones en Chile y tilapias en América Central, principalmente en Honduras y Costa Rica). La producción de camarón cultivado, sin embargo, no ha mostrado la misma tendencia, situación explicable por los bajos precios en los mercados internacionales por causa de la contracción económica global y un exceso de inventarios.

Diversas especies emergentes cuyo volumen de producción ha venido aumentando han ganado espacios de mercado, como la almeja concha de abanico (Perú) y algunas especies amazónicas (el paiche, el surubí y el pintado) en Brasil. La consolidación gradual de la tecnología para el cultivo de esas especies ha estimulado una mayor inversión y la expansión de la superficie acuícola.

Por otra parte, la producción de la pesca de captura ha mantenido una tendencia decreciente durante los últimos años, a partir de sus niveles máximos históricos de producción de fines de la década de 1990. Esa tendencia ha sido influenciada por la importante disminución de la pesquería más importante, la de la anchoveta peruana, atribuida fundamentalmente a efectos asociados al clima. Otras pesquerías marinas, como la del jurel chileno, también han mantenido una tendencia decreciente en términos de volumen, lo que ha obligado a las autoridades rectoras de la actividad a mantener una baja cuota de captura máxima permisible.

Otras pesquerías, como la de langosta en el Caribe y la de camarón en el Atlántico (México, América Central y Colombia), se han mantenido estables, con la prohibición de incorporar nuevas embarcaciones a las faenas de pesca en todos los países; este también ha sido el caso de la pesquería del langostino argentino.

En cuanto a las pesquerías de aguas interiores (lagos, lagunas y ríos), en general su volumen de producción ha aumentado, aunque ha habido drásticas reducciones en algunas cuencas importantes, como la Orinoquía colombiana. La pesca en estos ecosistemas continúa siendo la base de la seguridad alimentaria de miles de familias, muchas de ellas de pueblos originarios. Dada la amplia dispersión geográfica de estas comunidades, es muy probable que la información oficial disponible subestime de forma importante tanto la producción como la cantidad de pescadores que dependen de esta actividad en la región.

Ambos subsectores, la pesca y la acuicultura, enfrentan retos comunes en el futuro inmediato, como los efectos negativos del cambio climático y una débil institucionalidad. De manera particular, la pesca ilegal y la sobreexplotación continúan amenazando la sostenibilidad de los recursos pesqueros, mientras que la acuicultura se enfrenta a elevados precios en los insumos de producción.

El incremento sostenido de la demanda global de productos pesquero-acuícolas continuará impulsando la expansión acuícola en la región; es importante, por lo tanto, promover políticas de fomento, particularmente de pequeños productores, para maximizar los beneficios sociales de la economía basada en las aguas nacionales; es decir, la economía azul.