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Acciones para la transformación rural y agrícola

Alicia Bárcena

Secretaria Ejecutiva || Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

Julio Berdegué

Subdirector General y Representante Regional para América Latina y el Caribe || Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

Manuel Otero

Director General || Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA)

 

La crisis sanitaria, económica y social causada por la pandemia de COVID-19 ofrece oportunidades de reconstrucción y transformación que permiten crear resiliencia y reducir o evitar crisis futuras. La pandemia confirma la necesidad de que la salida de la crisis se base en el principio de “reconstruir mejor”, para lo cual es necesario transformar el modelo de desarrollo de América Latina y el Caribe (ALC) y realizar los ajustes que los sistemas agroalimentarios (SAa) requieren para desarrollar resiliencia a riesgos futuros.

Las acciones transformadoras pasan por reconocer el rol central y la importancia de contar con SAa y territorios rurales prósperos e incluyentes, pues representan una importante fuente de ingresos, empleos y alimentos para la región y el mundo. En los territorios rurales de ALC se producen alimentos para más de 800 millones de personas; se siembra el 14 % de los cultivos del mundo; se alberga gran parte de la biodiversidad global, el agua dulce y los bosques naturales del planeta; se produce la mitad de la energía de la región y se proveen servicios ecosistémicos de los que dependen las ciudades. A su vez, se debe reconocer que desde antes de la pandemia se venía diciendo que los SAa requerían una transformación alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esto es porque, previo a la pandemia, la población rural ya enfrentaba importantes rezagos y brechas en sus indicadores de desarrollo, debido a la interacción de múltiples desigualdades sociales, económicas y territoriales que se reproducen de generación en generación.

La transformación de los SAa requiere acciones innovadoras en diversos ámbitos y nuevas relaciones, alianzas y trabajo colaborativo entre los actores públicos, privados, la sociedad civil, el mundo científico y académico y los organismos de cooperación y financiamiento internacional.

La crisis actual debe aprovecharse como una oportunidad para repensar la agenda de financiamiento para el desarrollo en ALC, así como una ocasión para lograr un amplio consenso social y político destinado a implementar reformas ambiciosas orientadas a emprender, dentro y fuera de los SAa, un proceso de reconstrucción sostenible e igualitario.

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Contexto mundial y regional

La pandemia provocada por la COVID-19 ha afectado a ALC más que ninguna otra región en el mundo, tanto en términos sanitarios como económicos. La retracción de más de 7 % en el Producto Interno Bruto (PIB) regional en 2020 ha sido la mayor caída de la actividad económica en 120 años en ALC. A pesar de entrar en la crisis con altos niveles de deuda, muchas economías emergentes, incluidas varias de ALC, han implementado medidas de apoyo fiscal sin precedentes en respuesta a la pandemia de COVID-19.

La reducción de los ingresos de los hogares ha revertido los avances en la reducción de la pobreza y la inseguridad alimentaria en el mundo y en ALC. Es probable también que la desigualdad de ingresos aumente significativamente debido a la pandemia.

  • En ALC la pobreza y la pobreza extrema alcanzaron en 2020 niveles que no se han observado en los últimos 12 y 20 años, respectivamente.
  • Se ha observado un fuerte impacto de la crisis provocada por la pandemia de COVID-19 sobre el mercado laboral. La tasa de desocupación regional se ubicó en 10,7 % al final de 2020, con un incremento de 2,6 puntos porcentuales respecto del valor registrado en 2019.
  • Un contingente adicional de 44 millones de personas padece inseguridad alimentaria moderada o grave en la región, de las cuales 21 millones pasaron a sufrir inseguridad alimentaria grave.

A pesar de las previsiones de colapso de los SAa en los primeros meses de la pandemia de COVID-19, el sector agropecuario se ha mostrado más resiliente que otros sectores en lo que se refiere a las tendencias de crecimiento del valor de la producción y del comercio regionales. Al analizar los datos sobre el PIB, podemos apreciar que este se ha contraído en todos los países de los que se disponen datos; el sector agropecuario, en cambio, exhibió un comportamiento más favorable y en muchos casos incluso ha incrementado su valor de producción. En lo relativo al comercio internacional, la pandemia ha impactado de manera negativa al conjunto de las exportaciones de la región, pero el sector alimentario parece estar en mejor pie. Según datos reportados por 17 países de ALC, durante el primer año de la pandemia (acumulado enero-diciembre de 2020), las exportaciones agroalimentarias alcanzaron USD 240 000 millones, un incremento de 2,7 % con respecto a 2019, mientras que las exportaciones totales de mercancías registraron una caída de 9,1 %.

La pandemia y las cuarentenas han generado cambios importantes en las preferencias del consumidor y han empeorado las condiciones de inseguridad alimentaria y de subalimentación de una proporción importante de la población. Además, han aumentado la producción y el consumo de productos y servicios digitales. Las prioridades para los sistemas agroalimentarios (SAa) en los próximos años deben incluir invertir en infraestructura verde para ayudar a mitigar el cambio climático, garantizar el acceso universal a la seguridad social, introducir iniciativas para impulsar la capacidad productiva y adaptarse a la economía digitalizada, así como resolver el sobreendeudamiento de las familias y las explotaciones productivas.

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La transformación rural y agrícola

ALC venía enfrentando cambios sustantivos antes de la pandemia. Varias tendencias, actuando de forma simultánea, venían impulsando transformaciones en las estructuras sociales, económicas y ambientales de la región y con impactos sustantivos en los ámbitos rurales. Sin embargo, desde antes de la pandemia se venía diciendo que los SAa requerían una transformación que debería estar alineada con los ODS. Esto es porque, previo a la pandemia, la población rural ya enfrentaba importantes rezagos y brechas en sus indicadores de desarrollo, debido a la interacción de múltiples desigualdades sociales, económicas y territoriales que se reproducen de generación en generación.

Las crisis son grandes oportunidades de cambio. El proceso de recuperación posterior a la pandemia de COVID-19 se plantea como una oportunidad para lograr que los SAa sean más resilientes a los riesgos asociados al cambio climático y más sostenibles desde las perspectivas ambiental y social, además de la económica. Por ello, se considera que la llegada de la crisis de COVID-19 se ha convertido en una oportunidad para acelerar los procesos de digitalización. Las nuevas tecnologías pueden ser un motor fundamental para la transformación rural, creando nuevas oportunidades para los agricultores.

En este capítulo, se analizan las principales estrategias hacia SAa más prósperos, sostenibles, resilientes e inclusivos:

  • El consumo de lo local y el comercio internacional (ver sección 3.3.1).
  • El multilateralismo y la integración comercial (3.3.2).
  • El sector agropecuario y el cambio climático (3.3.3).
  • La restauración y regeneración de los suelos (3.3.4).
  • El aprovechamiento y agregación de valor de lo biológico (3.3.5).
  • El enfoque de “Una Salud” (3.3.6).
  • El cooperativismo (3.3.7).
  • La digitalización en la agricultura (capítulo especial 4).

Es imperativo avanzar en la renovación de la institucionalidad y sus instrumentos, así como en la construcción de un nuevo modo de gobernanza que posibilite el trabajo articulado con todos los actores y sectores sociales para fortalecer los SAa y avanzar hacia un desarrollo rural sostenible.

La transición posterior a la pandemia de COVID-19 es una oportunidad para promover una transformación rural y agrícola más sostenible, inclusiva y resiliente. Para ello se requieren acciones innovadoras en diversos ámbitos y nuevas relaciones entre los actores públicos, privados y de la sociedad civil.

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Digitalización en la agricultura

Se entiende por agricultura digital (AD) la incorporación de tecnologías digitales en los procesos y etapas de la actividad agrícola o agropecuaria. Agricultura inteligente y agricultura 4.0 suelen usarse como sinónimos de agricultura digital. La disponibilidad de tecnologías digitales para la agricultura se ha incrementado significativamente en los últimos años, lo que ha impulsado la digitalización de la actividad agrícola, lo cual, puede generar un gran aporte a la transformación positiva de los SAa, requerida para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La agricultura digital tiene el potencial de contribuir al cumplimiento de 9 ODS.

El avance de la aplicación de tecnologías digitales en la agricultura supone riesgos considerables, en simultáneo a los grandes beneficios potenciales. En primer lugar, las tecnologías digitales podrían incrementar las desigualdades dentro de la comunidad rural y, en un extremo, acelerar la exclusión de quienes no logren incorporarlas. En segundo lugar, las tecnologías digitales generan cambios en los roles de actores y en los modos de relacionamiento, los cuales conducen a cambios en las relaciones de poder y podrían generar conflictos y exclusión de quienes no tienen posibilidades de adaptarse. En tercer lugar, si bien la digitalización aumentaría la productividad de la mano de obra, la automatización de las tareas operativas (robots) y cognitivas (inteligencia artificial) generaría el desplazamiento y la exclusión de trabajadores. Finalmente, existen riesgos de violaciones a derechos de propiedad y privacidad de los agentes agrícolas asociados al tráfico y uso de los datos generados por las tecnologías. Para mitigar estos riesgos se requieren acciones concretas y anticipadas que aborden los factores que los determinan (por ejemplo, acceso a las tecnologías, formación de capacidades, marcos normativos, etc.).

A pesar de la creciente disponibilidad de tecnologías digitales, la digitalización de la agricultura de ALC es incipiente y desigual. La pandemia de COVID-19 aceleró el proceso y evidenció las brechas existentes.

Para acelerar y potenciar la digitalización de la agricultura, evitando así que sea un proceso fragmentado e incompleto, es indispensable concertar acuerdos y agendas que orienten acciones que diversos actores ya vienen realizando, así como proponer nuevas acciones a esos efectos. La transformación digital de la agricultura puede hacer una gran contribución al logro de sistemas agroalimentarios (SAa) sostenibles e inclusivos, por lo que es urgente concertar agendas público-privadas para su impulso.

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Infografía

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